Consejos para evitar el síndrome postvacacional

El síndrome postvacacional aparece como un cuadro de apatía general y sucede cuando nos incorporamos de nuevo a nuestra rutina diaria tras un período de vacaciones ¿Por qué sucede y cómo podemos evitarlo o reducir sus efectos?

¿Por qué se produce el síndrome postvacacional?

Despejar la mente de preocupaciones, relajarnos, pasar más tiempo con la familia, retomar actividades que nos gustan y para las que habitualmente no tenemos tiempo, dormir más… Las vacaciones son beneficiosas (y muy necesarias) ya que suponen un período de distracción y relax mediante el cual nos recargamos de energía. Pero si a nuestro regreso es precisamente una falta de energía lo que acusamos, tal vez estemos sufriendo el síndrome postvacacional.

En vacaciones modificamos casi todos nuestros hábitos y rutinas

En realidad, el síndrome postvacacional no es más que un proceso normal de adaptación de nuestro cuerpo a unos horarios y actividades diferentes a los que se venía teniendo en los días previos, cuando estábamos disfrutando de nuestras vacaciones. El problema viene cuando los síntomas de la adaptación se manifiestan de forma muy acusada e interfieren en nuestra tarea diaria.

¿Quién es más propenso a sufrirlo?

Tendrán más tendencia a sufrirlo aquellas personas que tienen menor tolerancia a la frustración y al cambio. Y del mismo modo, es probable que te afecte más si no te gusta tu trabajo o si existe mal ambiente laboral,  ya que regresar a una situación que te desagrada tras un período de relax es especialmente difícil.

Retomar nuestra actividad tras un período de relax puede hacerse cuesta arriba

También es común padecerlo cuando se regresa de períodos largos de vacaciones, donde se modifican por completo los horarios, hábitos y rutinas con respecto al resto del año, por lo que es más recomendable coger los días de vacaciones partidos en varias veces y no todos juntos.

¿Qué síntomas tiene el síndrome postvacacional?

Aunque no todas las personas tienen todos los síntomas, los más habituales son: cansancio, falta de concentración y cierta somnolencia. En general es un estado apático y a veces incluso se produce un estado de irritación y nerviosismo que se puede manifestarse en forma de mal humor generalizado y falta de motivación. En ocasiones aparece la falta de apetito y algunas personas han llegado a manifestar problemas estomacales o molestias musculares.

La cantidad de síntomas que puede aparecer y su intensidad es variable, dependiendo de las características de la persona, del ambiente laboral y de la duración de las vacaciones

Consejos para evitar el síndrome postvacacional

Para unas vacaciones sin miedo al síndrome postvacacional, debemos dividir nuestra estrategia en dos fases: antes de irnos de vacaciones y al volver de las mismas.

1. Antes de irnos de vacaciones: planifica para no desesperarte cuando vuelvas.

Planifica tu vuelta para que no te pille de sorpresa

  • Planificar. Debemos organizarnos y planificar aquello que queremos dejar cerrado antes de irnos, así como aquello que queda pendiente para realizar cuando volvamos, estableciendo unas prioridades, para poder ubicarnos lo antes posible y no encontrarnos con que no sabemos por dónde empezar cuando volvamos de descansar unos días.
  • Delegar. En este proceso es fundamental la comunicación con tus compañeros de trabajo, para que los que no cogen vacaciones estén al corriente de los temas que hay pendientes y puedan hacerse cargo si fuera necesario, de modo que no te encuentres una lista interminable de tareas al volver de vacaciones.
  • Garantizar la continuidad. También es importante una buena coordinación entre los integrantes de un mismo departamento para que este no quede inactivo. Todo ello a fin de permitir el descanso de los empleados y empleadas, con la tranquilidad de saber que pueden ausentarse sin interrupciones, pero también que están garantizando la continuidad del negocio y la atención a los clientes, lo cual repercute positivamente en todo el equipo.

2. Al volver de vacaciones: retoma la rutina paulatinamente.

Retoma tus hábitos y rutinas de forma gradual para permitir que el cuerpo se adapte sin sobresaltos

  • Vuelta de vacaciones. Vuelve de tus vacaciones unos días antes para poder retomar primero tu rutina personal y posteriormente tu rutina laboral. Esto te ayudará a una adaptación más llevadera.
  • Hábitos de sueño. No te levantes muy tarde los días previos, procura madrugar gradualmente para favorecer que el cuerpo se vaya reactivando y acostumbrando a los horarios laborales.
  • El primer día de trabajo:
    • Madruga un poco más. Levántate 10 minutos antes de lo habitual, ya que posiblemente sientas pereza y estés un poco más lento hasta que vuelvas a coger el ritmo, así te evitarás comenzar ya con prisas y estrés el primer día.
    • Organízate y atiende lo que sea urgente. No quieras abarcar todo lo pendiente el primer día ni asumas una carga de trabajo excesiva durante esos primeros días, establece prioridades.
  • Adopta una actitud positiva. Enfoca el trabajo como una posibilidad de crecimiento personal y profesional y no como una obligación, procurar motivarnos con respecto a lo que hacemos, es fundamental para llevar mejor el día a día (Aquí te contamos cómo pensar en positivo)
  • Relajación. No descartes practicar alguna actividad de relajación o yoga si así lo necesitas. Si no, al menos tómate unos minutos al día para meditar en un lugar tranquilo y eliminar pensamientos negativos. Aprovecha para relajarte sin pensar en nada y mantener a raya la ansiedad.
  • Descanso nocturno. Duerme suficiente (al menos 8 horas) para dar la oportunidad al cuerpo a recuperarse.

En cualquiera de los casos y por lo general, estos síntomas son de corta duración (aproximadamente una semana o 10 días) y remiten por sí solos, por lo que no se considera una enfermedad. Si tus síntomas persisten durante más de 15 días, habría que descartar mediante una visita a tu médico, que no existan otros problemas de salud.

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