La inteligencia no entiende de sexo, de género ni de edad

Hoy, 11 de febrero, se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia y desde Grupo CARAC queremos destacar el papel de todas y cada una de las mujeres y niñas que han trabajado a lo largo de la Historia en materia científica, sea cual sea el reconocimiento que la sociedad les haya otorgado.

La Ciencia es la rama del saber humano que se acerca a la realidad mediante la observación y la experimentación. Como ya habréis sospechado, el rastro de la mujer en la Ciencia, en cualquier campo de ella, ha sido constante desde sus comienzos, pero siempre difuso, minimizado, menospreciado o simplemente olvidado en los relatos oficiales de la Historia. Esto no quiere decir que hoy se la tenga más presente. ¿Cuántas científicas podéis nombrar en este momento? Una, dos… ¡Enhorabuena! Sois gente que está al día.

Con mucha voluntad, desde el principio de los tiempos, se pueden intuir los esfuerzos de las mujeres por estudiar la realidad del mundo en el que vivían. Nombres como Agameda, Aglaonice, Téano, o la cinematográfica Hipatia de Alejandría dedicaron sus vidas al desarrollo de lo que ahora llamamos protociencia.

Retrato de Hipatia de Alejandría.
Autor: Raffaello Santi (1509)

El carácter patriarcal de la sociedad ha llevado la memoria de estas mujeres a pura anécdota y ser dato curioso en una conversación entre profesionales de la materia, entre otras cosas, porque no existen registros de sus trabajos ni de sus resultados más que como parte del relato masculinizado de la Ciencia y de la construcción social que siempre ha limitado el puesto de la mujer a ser madre y esposa entregada. Como dice Tomás de Aquino: «este es el sometimiento con el que la mujer, por naturaleza, fue puesta bajo el marido; porque la misma naturaleza dio al hombre más discernimiento«.

Con la Revolución Científica del S.XVIII, a pesar de prohibir la entrada de las mujeres a la universidades y de quedar reducida su educación básica a la de aquellas afortunadas que pertenecían a las clases más privilegiadas de la sociedad y siempre con la buena voluntad del hombre que dirigía sus vidas, fuera el hermano, el padre, el marido o el hijo, se produjo una explosión en la visualización de las mujeres científicas, tal es el caso de: Margaret Cavendish, María Winkelmann, María Gaetana Agnesi, Caroline Herschel, aunque pocas más han conseguido llegar hasta nuestros libros.

De izquierda a derecha: Carolina Herschel, Margaret Cavendish, María Gaetana Agnesi y María Winkelmann

La mayor parte de la existencia de estas científicas queda reducida a una frase en la wikipedia, cuando por su trabajo y esfuerzo, sus colegas masculinos acumulan páginas completas y tomos de sesudos estudios, ensayos y tesinas.

Estas pioneras de su tiempo, lograron acercarse al mundo del estudio y la investigación científica por ser esposas, hermanas o hijas de científicos. Ellos sí fueron considerados como tales. Tanto fue así que los trabajos y esfuerzos de varias de ellas pasaron a la Historia de la Ciencia como obra de sus parejas. ¡Hasta ese punto era obviado el mérito de su trabajo!

Desde aquel siglo hasta hoy, pocas más que Ada Lovelace, Edith Clarke, Amalie Dietrich, ​Sofia Kovalévskaya, Marie Curie, Hedy Lamarr (sí, la bellísima actriz Hedy Lamarr) o Rita Levi-Montalcini han logrado surfear la ola de la Ciencia universal hasta nuestros días. Siempre detrás, siempre lejos de la mundana gloria del científico reconocido con premios, laureles, cátedras y otros puestos reservados al hombre. Siempre anecdóticas en un mundo construido por hombres y para hombres. Cada una de sus vidas, de sus trabajos, descubrimientos y aportaciones al desarrollo de la Ciencia, merecerían un reconocimiento formal, seminarios, congresos y decenas de tesis para limpiar las capas y capas de patriarcado y la perspectiva ciega de género con las que fueron tratadas.

De izquierda a derecha: Amalie Dietrich, Marie Curie, Hedy Lamarr y Rita Levi Montalcini

En España, las científicas han vivido de la misma ignorancia patriarcal que han sufrido sus colegas del resto de Europa y, desde luego, el papel de una sociedad completamente sojuzgada por la religión, la falta de medios secular, el nulo acceso de las mujeres a la educación y los miles de talentos rotos por las eternas prioridades que generan los estereotipos masculinos a los que las mujeres dejaban paso, no ha ayudado de ninguna manera a las mujeres de este país.

Solo a partir del S.XX, sorteando guerras e ideologías y con la voluntad férrea de las pioneras del Movimiento Feminista, de las pioneras de la Educación, de las pioneras de la Ciencia y de las pioneras de todos los demás campos de nuestra sociedad, mujeres españolas como son Margarita Salas, Ángela Ruíz Robles, Elena García Armada, Alicia Calderón, Mara Dierssen, Montserrat Calleja, Margarita Marqués, María Blasco, María José Alonso, María Ángela Nieto, María Vallet Regí y otras muchas más, acceden a las facultades de Ciencias, como alumnas, profesoras, catedráticas y rectoras, trabajan en las empresas de nuevas tecnologías, desarrollan proyectos multinacionales en energías renovables o dirigen equipos multidisciplinares que facilitan la vida en nuestro planeta. Siempre en número creciente. Siempre adelante.

La mujer científica
Fuente: Adobe Stock/Good Studio

Todas ellas en ocupaciones tan tradicionalmente reservadas a los hombres que, solo con su voluntad e inteligencia, con la colaboración y sinergias constantes generadas entre las propias mujeres y la puesta en marcha de leyes y normas que protegieran su condición, han conseguido en estas últimas décadas lo que sus abuelas pelearon en toda la Historia de la Ciencia.

Sí son posibles y sí son motivo de celebración y reconocimiento los progresos, pocos o muchos, que se logren en el acceso de las mujeres y niñas a los colegios, formaciones profesionales o universitarias o a empresas donde el papel masculino siempre ha sido prioritario. Por un año más en continuo avance.

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